La resiliencia: una habilidad que se puede aprender para enfrentar el fracaso y fomentar la innovación
por Efraín Villarroel
11 de agosto de 2026

La resiliencia no es un atributo exclusivo de unas pocas personas, sino una competencia que puede cultivarse. La psicología contemporánea destaca que el fracaso no debe ser visto como un signo de incapacidad, sino como una valiosa oportunidad para el aprendizaje. Esta capacidad de adaptarse a situaciones adversas y salir fortalecido es clave en el proceso de innovación tanto personal como profesional.
La Asociación Americana de Psicología (APA) define la resiliencia como un proceso de adaptación efectiva ante la adversidad, lo que implica que enfrentar el sufrimiento es parte del proceso, y aprender a sobrellevarlo es fundamental para el crecimiento. La psicóloga Tatiana Montoya, de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), subraya que esta capacidad se puede entrenar mediante práctica constante y el apoyo adecuado, lo que incluye cultivar hábitos saludables y fortalecer la inteligencia emocional.
Los estudios indican que las personas con alta resiliencia experimentan niveles más bajos de ansiedad y depresión, y son capaces de recuperarse más rápidamente de situaciones difíciles. David Coaquira, docente de Ingeniería Comercial en Unifranz, destaca que el fracaso es una lección necesaria que, aunque incómoda, es esencial para desarrollar la resiliencia, alineándose con la mentalidad de crecimiento de Carol Dweck, que sostiene que aprender de los errores fomenta la perseverancia y la creatividad.
Además, la resiliencia está vinculada a la autoeficacia, o la confianza en la capacidad personal para enfrentar desafíos. Montoya resalta que los contratiempos no reflejan la falta de habilidad, sino que son oportunidades para reorientarse y aprender. Esta visión promueve un enfoque más positivo hacia el fracaso y fomenta un aprendizaje continuo.
El apoyo social también juega un papel crucial en la resiliencia. Investigaciones publicadas en Psychology Today indican que contar con redes de apoyo, ya sean familiares o comunitarias, aumenta la capacidad de recuperación ante el estrés y adversidades. La APA aclara que ser resiliente no implica estar libre de sufrimiento, sino desarrollar habilidades para manejar las emociones y buscar ayuda cuando es necesario.
La resiliencia ha adquirido un valor significativo en el ámbito laboral, donde las organizaciones requieren individuos que puedan adaptarse a cambios constantes y aprender de sus errores. Pablo Ardaya, director nacional de Capital Humano de Unifranz, menciona que los empleadores valoran cada vez más las habilidades blandas como la resiliencia, esenciales en un entorno laboral en constante evolución.
La evidencia sugiere que la resiliencia se fortalece a través de técnicas de regulación emocional, ejercicio físico, descanso adecuado y la reflexión sobre experiencias pasadas. Más que eliminar los obstáculos, esta habilidad transforma la forma en que las personas enfrentan las adversidades, permitiéndoles convertir fracasos en oportunidades para crecer e innovar.
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