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Sociedad

La modularidad en la educación: un cambio necesario

por Adriana Grájeda

17 de agosto de 2026


El objetivo de la modularidad en la educación superior no se limita a acortar la duración de las carreras, sino que exige un rediseño profundo del currículo y de las estructuras administrativas. Esto incluye la implementación de sistemas que reconozcan aprendizajes obtenidos fuera del ámbito universitario, lo que puede convertir este enfoque en una herramienta eficaz para la innovación educativa y el aprendizaje continuo.

Santiago Acosta Aide, rector de la Universidad Técnica Particular de Loja y presidente del Instituto Latinoamericano y del Caribe de Calidad en Educación Superior (CALED), compartió estas ideas en su conferencia "Flexibilidad y modularidad: Arquitecturas abiertas para el aprendizaje a lo largo de la vida", durante el VII Foro Internacional de Innovación Educativa (FIIE) 2026, organizado por la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz).

La educación centrada en el estudiante y la flexibilidad curricular.

Acosta destacó que la educación 4.0 implica un cambio de enfoque, trasladando el centro del proceso educativo del docente hacia el estudiante. Este enfoque requiere que las instituciones educativas adapten sus estructuras para incluir tecnologías digitales y metodologías activas, permitiendo que los estudiantes sean protagonistas de su propio aprendizaje.

Los pilares de esta transformación son la flexibilidad, la hibridación, un currículo abierto y la modularidad. Estos elementos no son cambios aislados, sino que deben integrarse en un modelo educativo que facilite el aprendizaje a lo largo de la vida, permitiendo a los estudiantes combinar trabajo y formación de manera efectiva.

Acosta enfatizó que la modularidad implica más que simplemente reducir la duración de las asignaturas. "La modularidad comporta un rediseño curricular que debe incluir la capacidad de validar módulos externos y homologar conocimientos adquiridos en otros contextos", aseguró, lo que es fundamental para construir trayectorias académicas más diversas.

Desafíos administrativos y tecnológicos.

La creación de un currículo modular no puede llevarse a cabo si la administración universitaria se mantiene rígida y basada en estructuras tradicionales. Acosta propuso que las universidades deben adoptar una organización flexible que permita a los estudiantes decidir cuándo, dónde y cómo desean estudiar.

Además, planteó que las universidades necesitan integrar tecnología que facilite la gestión de aprendizajes, así como la validación de experiencias educativas externas. Esto implica un cambio en los procesos de inscripción, reconocimiento de créditos y certificación, permitiendo que las trayectorias de aprendizaje sean más personalizadas.

Acosta presentó cuatro modelos de estudiantes que podrían surgir hacia 2030, cada uno representando diferentes maneras de construir trayectorias académicas: desde el modelo tradicional, con un camino lineal, hasta opciones más flexibles que permiten combinar estudios, microcredenciales y certificaciones, adaptándose a las demandas del mercado laboral.

El futuro de la educación superior implica un enfoque que no solo se base en la oferta institucional, sino que responda a las necesidades de formación de la sociedad. Acosta concluyó que América Latina debe avanzar en la modernización de sus universidades sin perder la capacidad de generar experiencias educativas pertinentes y propias.


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