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Cultura

Jorge Sanjinés: 90 años de un cine que revela nuestra identidad

por Silvia Orellana

2 de agosto de 2026


En los últimos días, he estado sumergido en la vision de "La nación clandestina" (1989), una obra que no solo cautiva por su estética, sino que revela un profundo entendimiento de la realidad boliviana. Este filme es un claro ejemplo del impacto que Jorge Sanjinés ha tenido en mi vida, convirtiéndose en un referente en un contexto donde la historia colonial aún pesa.

Las películas de Sanjinés destacan por su rica temática, que entrelaza la cosmovisión andina de forma contundente. En su obra, se presenta la relación inseparable entre el tiempo y el espacio, donde la noción de circularidad se convierte en un principio vital. Este concepto se manifiesta en la conexión entre el pasado, el presente y el futuro, reflejando la dualidad del nayra pacha, jichha pacha y qhipa pacha. Cada acción que tomamos resuena a través del tiempo, revelando la gravedad de nuestras decisiones.

La visión andina de Sanjinés establece un diálogo provocador con las corrientes occidentales, reconfigurando conceptos. Alude a la idea de eterno retorno de Nietzsche, no como un destino inevitable, sino como un desafío existencial: vivir fiel a nuestra verdad y desear repetir nuestras elecciones. Además, enlaza con el pensamiento de Eliade, donde las comunidades tradicionales regresan constantemente a sus raíces a través de rituales, fortaleciendo su identidad.

En su universo cinematográfico, Sanjinés fusiona estas visiones filosóficas con una necesidad social apremiante. Utiliza la cámara no solo como un instrumento técnico, sino como una herramienta retórica que amplifica el mensaje político. Un claro ejemplo de esto se encuentra en "La nación clandestina", donde la historia de Sebastián Mamani, un campesino aymara, simboliza la necesidad de retornar a las raíces para lograr la redención.

El compromiso de Sanjinés por la justicia social se remonta a su película "Ukamau" (1966), donde el sufrimiento de una familia indígena se convierte en una representación del dolor colectivo de un pueblo oprimido. Esta voz se intensifica en "El coraje del pueblo" (1971), donde la recreación de una masacre minera se transforma en un testimonio viviente, desmantelando el discurso de la opresión.

Su estilo de confrontación se vuelve crudo y directo en "El enemigo principal" (1973), donde expone la violencia del imperialismo, buscando despertar la conciencia política. En "¡Fuera de aquí!" (1977), Sanjinés utiliza su cámara para visibilizar la manipulación externa hacia las comunidades, transformando el cine en un medio de resistencia cultural.

Finalmente, en "Yawar Mallku" (1969), la agresión hacia las mujeres campesinas es presentada como una alegoría de la lucha por la identidad. Su uso del plano secuencia se eleva a una representación de la comunidad, reafirmando la resistencia colectiva.

Al llegar a sus 90 años, el legado de Jorge Sanjinés se sostiene como un baluarte invaluable. Su obra no se consume pasivamente; más bien, se vive y se defiende. En este vasto panorama cultural, la identidad boliviana brilla con luz propia, reafirmando que no necesita ser descubierta desde afuera, sino que debe surgir desde el interior de cada comunidad.


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