Santa Cruz: Entre el Agronegocio y su Mito Fundacional
por Gonzalo Balderrama
28 de septiembre de 2026

El libro de Carol M. Gainsborg Rivas y otros autores desmonta la narrativa del "milagro cruceño", señalando que, lejos de ser una historia de autosuficiencia, Santa Cruz ha prosperado gracias a una serie de beneficios estatales que han perdurado a lo largo del tiempo. A pesar de la falta de un plan concreto para el futuro, la obra se sustenta en un análisis robusto y bien documentado.
La obra revela que la supuesta epopeya cruceña se cimentó en políticas estatales favorables, desde los repartos de tierras de 1952, pasando por el crédito accesible durante el neoliberalismo, hasta el actual gobierno de Luis Arce, que ha sido señalado por su apoyo a los agroindustriales. Un momento clave es la intervención de Álvaro García Linera en 2017, quien, en un evento de empresarios, argumentó que su administración había sido generosa con el sector agroindustrial, enunciando leyes que favorecieron a los empresarios.
Uno de los logros del libro es unir diversas narrativas que normalmente se presentan por separado. Se analiza el proceso de reparto de tierras no solo como una acción agraria, sino como una maniobra política. El autor también expone cómo los flujos de financiamiento han alimentado el desmonte de tierras, destacando casos específicos como el de Roxana Guasace, quien ilustra el impacto de la sequía en su comunidad, resultado de la actividad agroindustrial descontrolada.
Los autores del libro se esfuerzan por desmantelar mitos que sostienen la identidad cruceña. Argumentan que la narrativa del abandono estatal protege a las élites de cuestionamientos sobre su éxito, mientras que el relato del pionero que se forja solo oculta los subsidios y apoyos que han recibido a lo largo de los años. Esta forma de entender la identidad cruceña es crucial para entender por qué persisten estas narrativas, a pesar de la evidencia en contrario.
El texto también aborda la dinámica de la "cruceñidad" como un elemento que impone lealtades y castiga a quienes se desvían de la norma. Un ejemplo fuerte se observa en las acciones de la Unión Juvenil Cruceñista frente a símbolos que consideran ajenos, o en incidentes violentos contra migrantes. Tal comportamiento revela un mecanismo social que refuerza la identidad cruceña por encima de cualquier otra consideración, incluso entre aquellos que comparten características étnicas similares.
Una de las interrogantes que deja el libro es qué tipo de fuerza podría desafiar una estructura tan sólida como la que se ha delineado. Aunque los autores no ofrecen respuestas definitivas, la falta de un camino claro hacia el cambio deja al lector en un estado de reflexión, cuestionando las promesas que se han hecho a lo largo de la historia sobre el agronegocio como salvación para el país.
Finalmente, el libro se presenta como una lectura imprescindible en un contexto actual donde el agronegocio se vuelve a ver como la solución a la crisis más profunda que ha enfrentado Bolivia en cuatro décadas. Al recordar las promesas incumplidas del pasado, invita a la reflexión sobre la viabilidad y la sostenibilidad de seguir apostando por un sector que ha demostrado ser problemático.
Un Análisis desde Fuera, pero con Implicaciones Profundas
Aunque los cinco autores no son cruceños y residen en La Paz y Cochabamba, su análisis sobre el agronegocio y la identidad cruceña es relevante. Justifican su estudio al señalar que estas dinámicas impactan a todos los bolivianos, dado que el financiamiento del agronegocio proviene del ahorro nacional. La incomodidad que sienten al abordar esta cuestión no es inadvertida, al contrario, la plantean con honestidad.


