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Política

Bolivia en el Índice Mundial de Estado de Derecho 2026: Una realidad desgarradora

por Efraín Villarroel

25 de octubre de 2026


La última edición del Índice Mundial de Estado de Derecho 2026, realizado por el World Justice Project (WJP), ha puesto de manifiesto la precaria situación del sistema judicial en Bolivia. Aunque el país ha mejorado una posición en comparación con la medición anterior, su desempeño sigue siendo alarmante, ocupando el puesto 130 de 143 naciones evaluadas a nivel global. Esto confirma una crisis institucional crónica donde el sistema judicial es considerado uno de los más disfuncionales e ineficientes en el mundo.

Particularmente grave es la situación en el ámbito de la justicia penal, donde Bolivia se posiciona en el puesto 141, solo por encima de Venezuela. En el área de justicia civil, la clasificación también es desalentadora, ocupando el puesto 140. Estas estadísticas son un reflejo de la difícil realidad que enfrentan los ciudadanos a la hora de buscar soluciones a sus conflictos, así como la recurrente revictimización de las personas que han sufrido delitos.

El informe del WJP señala diversas falencias que han llevado al sistema judicial boliviano a esta crítica situación. Entre los factores destacados se encuentran la ineficiencia en los procesos judiciales, la percepción de impunidad generalizada y la fuerte injerencia política en las decisiones judiciales. Además, el problema de la corrupción es significativo, posicionando a Bolivia en el puesto 140 en la medición de la ausencia de corrupción.

Desde el año 2009, el país ha visto un retroceso en términos de justicia, a pesar de intentos de reforma, como la elección de autoridades judiciales mediante voto popular. Tal medida no ha logrado los resultados esperados y ha profundizado la crisis al vincular la selección de candidatos con intereses políticos.

La falta de un Estado de Derecho efectivo no solo afecta el ámbito judicial, sino que repercute negativamente en la economía. La inseguridad jurídica ahuyenta la inversión y el desarrollo, ya que tanto empresas locales como extranjeras evitan arriesgar su capital en un entorno donde los contratos pueden ser ignorados o donde la justicia se obtiene mediante sobornos. Esta situación contribuye al subdesarrollo económico del país.

El costo social de vivir en un estado donde la ley es un privilegio para algunos y una carga para otros es devastador. La creciente desconfianza hacia las instituciones judiciales ha llevado a algunos ciudadanos a buscar justicia por mano propia, lo que se traduce trágicamente en linchamientos. La impunidad se convierte en la norma, facilitando el crecimiento del crimen organizado y el narcotráfico.

Para revertir esta situación, Bolivia necesita una profunda reforma estructural de su sistema judicial que garantice la independencia de los poderes, un presupuesto apropiado para el Órgano Judicial, y un sistema de carrera judicial basado en el mérito, alejando a los jueces de la influencia política. La justicia debe ser un derecho al alcance de todos, no un privilegio, y la sociedad debe exigir un sistema judicial que garantice la equidad y la dignidad de cada ciudadano.


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