Corrupción en el sector hidrocarburos: una batalla crucial
por Gonzalo Balderrama
9 de agosto de 2026

La reciente confrontación entre el presidente Rodrigo Paz y Evo Morales se asemeja a un conflicto bélico, con el gobierno enfrentando la corrupción de manera decidida. En este contexto, la intervención en la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), ordenada por el ministro Marcelo Blanco durante los feriados, ha sido un golpe significativo para las redes corruptas del MAS que seguían traficando diésel.
Mientras el ministro se reunía con los responsables de los surtidores en Santa Cruz, se registró la entrada de siete cisternas clandestinas a la planta de refinación, lo que pone de manifiesto la gravedad de la situación. Esto ocurre en un momento crítico, ya que los productores agropecuarios se ven paralizados por la escasez de diésel, mientras que las mafias continúan utilizando el combustible para actividades ilícitas.
La avaricia de estos grupos no conoce límites, incluso cuando la falta de combustible afecta a sectores vitales como la agricultura y el transporte. Se comportan como un ejército invasor, priorizando sus intereses sobre el bienestar del país y asegurando el suministro de combustible para la producción de drogas.
Frente a este panorama, el ministro Blanco ha anunciado su intención de llevar a cabo una limpieza profunda en YPFB, que ha crecido de 700 empleados en 2005 a 8.000 bajo la administración del MAS. Este desafío implica transformar las condiciones en las que operan las empresas petroleras, que han estado sometidas a una estructura corrupta.
Para restaurar la confianza de los inversionistas, es esencial ofrecer precios competitivos para el crudo y el gas. Actualmente, el precio de 27 dólares por barril en Bolivia es desalentador en comparación con los 80 dólares en el mercado internacional, al igual que el gas natural, que se cotiza a 1 dólar por millón de BTU en Bolivia frente a 13 dólares en el exterior.
Este despropósito ha llevado a que las inversiones escaseen y a que el país dependa de la importación de combustibles, fortaleciendo así el poder de los corruptos del MAS. Previo a esta intervención, la ANH había aprobado una resolución que permite la expropiación de surtidores que esperan combustibles que podrían ser importados por empresas privadas, preservando el esquema de corrupción que respalda a sus aliados.
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