David Toscana y su novela 'El ejército ciego' ganan el Premio Alfaguara 2026
por Efraín Villarroel
9 de agosto de 2026

La ceguera ha sido abordada de diversas maneras en la literatura occidental, desde la revelación hasta la metáfora de la condición humana. Sin embargo, en su novela 'El ejército ciego', David Toscana introduce una perspectiva única al tratar la ceguera no como una simple metáfora social, sino como una experiencia histórica y militar. A través de una narrativa en la que los soldados búlgaros son cegados por el emperador Basilio tras su derrota del 29 de julio de 1014, Toscana construye una epopeya de los desposeídos, destacando la transformación de la mutilación en una nueva forma de organización y resistencia táctica.
La historia se desarrolla en breves capítulos que retratan el horror del castigo, las vidas de quienes llevan a cabo la mutilación y las adaptaciones de los sobrevivientes. A medida que la narrativa avanza, la ceguera de los personajes se convierte en una herramienta de combate en un terreno donde la visión convencional ya no es útil, permitiendo que un ejército de ciegos encuentre nuevas formas de luchar contra el poder imperial.
El autor logra un giro notable en la función de la ceguera, que comienza como un símbolo del terror y la humillación, pero que se transforma en una reorganización sensorial y estratégica. Los personajes aprenden a orientarse a través de otros sentidos, redefiniendo así su experiencia y su capacidad de resistencia. Este enfoque desafía la noción de que la ceguera es simplemente una pérdida; en cambio, se convierte en un catalizador para una nueva aptitud histórica.
A través de la figura de Kozaro, un escriba ciego que narra la historia, Toscana plantea cuestiones fundamentales sobre quiénes tienen derecho a contar la historia. Kozaro no solo es testigo de los hechos, sino que su escritura se convierte en un acto de resistencia frente a la narrativa oficial que tiende a silenciar a los vencidos. Otros personajes, como Gavril Radomir, Basilio y maese Zósimo, aportan a la riqueza del relato, que no se limita a los héroes individuales, sino que teje una red coral de voces y experiencias.
Formalmente, 'El ejército ciego' se caracteriza por una estructura fragmentaria que entrelaza acciones bélicas con episodios de la vida cotidiana. Esta composición no dispersa, sino que enriquece la narrativa, reflejando un ecosistema vibrante de voces y experiencias en medio de una catástrofe. Cada desvío narrativo aporta profundidad y refuerza la idea central de que la ceguera ofrece nuevas formas de experimentar el mundo.
Toscana, al contrario de otros autores que han abordado la ceguera, como Saramago o Wells, opta por una visión materialista de la historia, anclando la narrativa en la guerra y en la corporeidad. Su obra no se limita a una alegoría de la modernidad, sino que propone una exploración activa de la historia como un campo de experimentación narrativa. En este sentido, la Edad Media balcánica se convierte no solo en un telón de fondo, sino en un medio para indagar en la capacidad de las comunidades para resistir y reinventarse frente a las adversidades impuestas por el poder.
Así, 'El ejército ciego' se inserta en una rica tradición literaria, no para replicarla, sino para ofrecer una nueva perspectiva sobre la ceguera en la guerra. Toscana logra dar voz a aquellos que han sido borrados de la historia oficial, destacando la grandeza de la resistencia a través de la mirada de un escriba ciego, cuya narrativa se erige como un acto de reivindicación y memoria.


