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Economía

De subsidios a precios volátiles: Un nuevo desafío para Bolivia

por Gonzalo Balderrama

19 de septiembre de 2026


La eliminación de la subvención al diésel en Bolivia es un paso significativo hacia un sistema más transparente en la economía del país. El Gobierno ha afirmado que esta medida responde a la necesidad de ajustar el precio de los combustibles a los estándares internacionales, evitando distorsiones en el mercado que han perjudicado las finanzas públicas.

Con esta política, el Ejecutivo estima que estaba destinando aproximadamente 55 millones de dólares cada semana a la subvención, lo que equivale a más de 2.600 millones de dólares al año. Sin embargo, este cambio tiene sus riesgos, especialmente en un contexto global marcado por la volatilidad de los precios del petróleo debido a factores geopolíticos.

Riesgos de la nueva estrategia económica

Al permitir que el precio del diésel se ajuste de manera directa a los vaivenes del mercado internacional, Bolivia podría estar sustituyendo una subvención insostenible por un nuevo tipo de carga: un "impuesto de guerra" que afectará a los consumidores bolivianos. Esto implica que cualquier aumento en el costo del petróleo, ya sea por conflictos o sanciones, se trasladará rápidamente al costo de vida en el país.

El Gobierno ha anunciado un paquete de medidas compensatorias para mitigar el impacto de esta decisión. Entre ellas, el Bono PEPE 2 beneficiará a cerca de 2,9 millones de personas con un monto total de Bs 874 millones. También se ofrecerán créditos preferenciales de hasta Bs 800 millones a diferentes sectores productivos, además de aumentar el monto del Juancito Pinto.

Aunque algunas de estas medidas pueden parecer adecuadas, la realidad es que no constituyen una solución estructural. Existen múltiples mecanismos dispersos que, aunque puedan brindar alivio temporal, no abordan efectivamente la raíz del problema: la dependencia de los precios internacionales que pueden dispararse en momentos de crisis.

Para enfrentar esta situación de manera más efectiva, se podría implementar un sistema más integrado que contemple un Precio Energético de Referencia claro, una Banda de Estabilización y un Token de Energía que identifique a los verdaderos beneficiarios del subsidio. Esto permitiría gestionar los costos de manera más equitativa y eficiente, dirigiendo las ayudas a quienes realmente las necesitan sin generar distorsiones adicionales en la economía.

El desafío que enfrenta Bolivia es considerable: encontrar un equilibrio entre la eliminación de subsidios y la protección de los sectores más vulnerables de la población, evitando que los cambios en el mercado internacional se conviertan en una carga insostenible para la economía local.


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