División interna en el PDC complica las elecciones legislativas
por Gonzalo Balderrama
20 de octubre de 2026

La elección de nuevas directivas en las cámaras de Diputados y Senadores ha generado tensiones dentro del Partido Demócrata Cristiano (PDC), que necesita definir sus candidatos antes del 8 de noviembre, fecha en la que finaliza el mandato de las actuales autoridades. Aunque en teoría las presidencias deberían recaer en el oficialismo, las disputas internas complican los consensos y podrían provocar cambios significativos en ambas cámaras.
En la Cámara de Diputados, Roberto Castro se posiciona como el principal candidato a la reelección, apoyado por algunos legisladores que valoran su habilidad para negociar entre diferentes bancadas y facilitar la aprobación de leyes. Sin embargo, su continuidad no está exenta de críticas, en particular de la diputada Sandra Ribero, quien ha manifestado su intención de postularse y cuestiona la gestión anterior en cuanto a la institucionalización del PDC.
Ribero ha denunciado presuntas maniobras para asegurar el apoyo a Castro, incluyendo la entrega de regalos y la organización de eventos sociales entre los parlamentarios, aunque no ha presentado pruebas concretas de compra de votos. A su vez, el diputado Ricardo Rada también se menciona como un posible candidato del oficialismo, y aunque hay quienes apoyan la reelección de Castro, otros advierten que su continuidad podría significar solo un cambio superficial en la dirección del partido.
La fractura interna del PDC se manifiesta entre quienes apoyan al presidente Rodrigo Paz, los que se alinean con el vicepresidente Edmand Lara y aquellos que siguen la estructura tradicional del partido. Esta división afecta también la elección de las jefaturas de bancada, que es crucial antes de definir las directivas. El PDC cuenta con 49 miembros en Diputados y 16 en el Senado, lo que lo convierte en la principal fuerza legislativa.
En el Senado, la situación de Diego Ávila es igualmente incierta. Aunque el senador Víctor Quispe ha manifestado su apoyo a su reelección, la senadora Ana Crispín ha criticado la influencia del Ejecutivo en este proceso, sugiriendo que Ávila se beneficia de su cercanía con Paz. Crispín ha propuesto a Daniel Ortiz, actual presidente de la Comisión de Constitución, como una alternativa viable.
La elección de nuevas autoridades no solo determinará quiénes liderarán los debates parlamentarios en el próximo año, sino que también será un test para el oficialismo en su intento por mantener la cohesión y las mayorías en un Legislativo marcado por diferencias internas que obstaculizan las negociaciones.
Desde el inicio, el Gobierno ha descartado la posibilidad de firmar un acuerdo público de legislatura con Unidad, la bancada liderada por Samuel Doria Medina. La falta de este pacto ha deteriorado las relaciones, lo que ha llevado a Unidad a mantener una postura crítica, aunque ha respaldado al Gobierno en asuntos cruciales como la extensión del Estado de Excepción y la aprobación de acuerdos con el FMI.
Por su parte, Libre, aunque derrotado en la segunda vuelta, cuenta con 39 bancas en Diputados y 12 en el Senado, lo que le otorga cierta relevancia en la negociación. A pesar de la cohesión ideológica que lo caracteriza, la facción más cercana a los Demócratas ha comenzado a actuar de manera independiente, complicando aún más el panorama político.
Las bancadas se encuentran en proceso de negociación y se espera que para el 6 de noviembre se den a conocer los resultados de estos acuerdos. En el primer paso hacia la renovación, la bancada de Libre ha elegido a José Sánchez como jefe y a Isabel Moreno como subjefa en el Senado, un movimiento que busca fortalecer su unidad y eficacia en el próximo período legislativo.
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