El narcotráfico en Bolivia: del auge a la complejidad
por Adriana Grájeda
30 de agosto de 2026

El narcotráfico en Bolivia tiene una larga historia que no se limitó a la zona de Huanchaca, pero fue allí que las dimensiones de esta industria se hicieron evidentes. La producción de coca se había transformado en un negocio complejo, con laboratorios y conexiones que trascendían lo local.
Roberto Suárez Gómez, un ganadero del Beni, se destacó como uno de los pioneros del tráfico de cocaína en el país durante la década de 1970. Su carrera en el narcotráfico creció en paralelo a la demanda internacional, convirtiéndose en proveedor clave para organizaciones colombianas y acumulando una inmensa fortuna.
Un hecho notorio ocurrió en 1982, cuando Suárez ofreció entregarse a las autoridades estadounidenses a cambio de la liberación de su hijo, quien estaba detenido en Suiza. Su propuesta incluía que Estados Unidos asumiera la deuda externa de Bolivia, que en ese momento alcanzaba los 4.000 millones de dólares.
La llegada de Luis García Meza al poder en 1980 marcó otro capítulo clave, con acusaciones de que su gobierno estaba vinculado al narcotráfico. Durante este periodo, surgió el término ‘narco-dictadura’, reflejando los lazos entre el narcotráfico y el poder político.
Mientras tanto, en el Chapare, la producción de coca se expandía rápidamente. La crisis económica llevó a muchas familias a cultivar coca, aunque no todos los cultivadores estaban involucrados en el narcotráfico. Esta región se convirtió en un punto clave de confrontación entre campesinos y las fuerzas de erradicación de cultivos.
Evo Morales, quien llegó al Chapare en 1978, se convirtió en una figura central en la defensa de los cocaleros. A medida que los cultivos de coca eran objeto de políticas de erradicación, Morales se volvió un líder emblemático de la resistencia cocalera, representando a una economía que, aunque tradicional, estaba interconectada con el narcotráfico.
El descubrimiento de un sofisticado laboratorio de cocaína en Huanchaca en 1986 cambió la percepción pública sobre el narcotráfico en el país. Este hallazgo reveló que la producción de cocaína ya no era artesanal, sino que se había convertido en una industria organizada y sistemática.
A finales de los años 80, la caída de Roberto Suárez marcó el inicio de una nueva era en el narcotráfico. Su sobrino, Jorge Roca Suárez, ganó protagonismo, y la red de narcotráfico se volvió más compleja, vinculándose con organizaciones colombianas y estableciendo rutas internacionales hacia mercados en Brasil, Perú, y más allá.
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