El té boliviano se posiciona en el mercado internacional a través de su calidad y origen
por Tatiana Ledezma
29 de julio de 2026

En las montañas de Caranavi, a 1.500 metros sobre el nivel del mar, se cultiva un té de calidad superior que ha empezado a destacar en el mercado internacional. La combinación de un entorno natural ideal, donde la neblina y suelos ácidos favorecen el crecimiento de la planta Camellia sinensis, junto con técnicas de producción artesanal, ha permitido que el té boliviano comience a abrirse paso en los segmentos premium.
David Quispe Flores, un cultivador de Té de Montaña, ha logrado obtener la medalla de oro en la categoría de té verde en la V Competencia de Té Artesanal de Sudamérica, celebrada en Argentina. Además, José Nelson López, de Té Brotes Infusiones de Mi Tierra, recibió una mención Gourmet en la categoría de té rojo, mientras que Grissel Vergara Flores se destacó con el tercer lugar en el Duelo de Catadores de Té. Estos logros son testimonio del crecimiento y reconocimiento de Bolivia en la producción de té de calidad.
La viceministra de Gastronomía, Sumaya Prado, enfatizó que cada premio es una forma de reconocimiento para el país y que estos éxitos fortalecen el patrimonio alimentario nacional, permitiendo que la producción boliviana gane visibilidad en el ámbito internacional.
El camino hacia el éxito de Quispe no ha sido sencillo. Su familia ha trabajado más de cuarenta años en la producción de té, comenzando en los años 80 con el apoyo de la cooperación china. Junto a su hermano Godo, Quispe decidió centrarse en la producción de té en hebras, lo que añade un valor significativo en comparación a las versiones en saquitos. Desde 2019, su emprendimiento ofrece tanto té verde como negro, orientándose a consumidores que valoran infusiones elaboradas de manera artesanal.
Por otro lado, en el Chapare cochabambino, José Nelson López sigue el legado de sus padres, quienes introdujeron plantines de té de Japón en los años 90. Con su marca, Té Brotes Infusiones de Mi Tierra, produce diversas variedades de té con la intención de alcanzar mercados especializados.
A lo largo de los años, Bolivia ha sido reconocida por su café de altura, cacao y quinua, pero el cultivo de té ha permanecido en un segundo plano. Sin embargo, las condiciones naturales que favorecen otros cultivos también han sido propicias para la Camellia sinensis en los Yungas paceños y regiones tropicales de Cochabamba.
Investigaciones realizadas por la bioquímica Guivanna Basilia Tapia Camacho de la UMSA han evidenciado que las condiciones climáticas de Caranavi son ideales para el desarrollo de esta planta, lo que permite la formación de compuestos que contribuyen al aroma, sabor y propiedades antioxidantes del té.
Además, la calidad del té no solo depende del cultivo, sino también del proceso posterior a la cosecha. El procesamiento de las hojas determina el tipo de té que se puede obtener, siendo este un factor crucial para el perfil sensorial de la bebida final.
Los consumidores de hoy buscan más que solo una bebida caliente; quieren conocer el origen del producto y la historia detrás de su elaboración. Este cambio en la demanda está impulsando a los productores bolivianos a enfocar sus esfuerzos no solo en la producción, sino en la creación de una marca que refleje origen, sostenibilidad y calidad.
Para el té boliviano, el camino hacia el reconocimiento internacional apenas comienza. Será fundamental mantener altos estándares de calidad, capacitar a los productores y desarrollar una cadena de valor que transforme este cultivo en una industria especializada. Los premios obtenidos son solo el primer paso; el verdadero desafío está en convertir ese prestigio en oportunidades concretas para las familias dedicadas a esta noble actividad. Mientras disfruta de una taza de té, es valioso recordar el esfuerzo y la historia que hay detrás de cada sorbo.
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