La trayectoria de Gianni Infantino en la FIFA: entre controversias y consolidación de poder
por Gonzalo Balderrama
7 de agosto de 2026

Gianni Infantino se mantendrá como presidente de la FIFA, a pesar de las crecientes exigencias de dimisión, especialmente provenientes de la UEFA y la Conmebol. El 5 de agosto, tras una reunión de crisis celebrada en Rabat, Infantino logró el respaldo total del Consejo de Administración de la FIFA, lo que subraya su capacidad para reafirmar su autoridad en medio de una crisis desencadenada por un plan para crear una filial que gestionaría el Mundial masculino y otros eventos, permitiendo la participación de inversores externos.
Nacido el 23 de marzo de 1970 en Brig, Suiza, de padres italianos, Infantino ha hablado abiertamente sobre las dificultades que enfrentó debido a su ascendencia. Estudió Derecho en la Universidad de Friburgo antes de ser nombrado secretario general del Centro Internacional de Estudios Deportivos en Neuchâtel en 1997, una institución creada por la FIFA en colaboración con la universidad y las autoridades locales.
Antes de su ascenso a la FIFA, Infantino se unió a la UEFA en el año 2000, donde ascendió rápidamente hasta convertirse en secretario general en 2009. Durante su tiempo en la UEFA, trabajó bajo la dirección de Michel Platini, y aunque permaneció en gran medida en un segundo plano, su imagen comenzó a ser más reconocida gracias a su participación en los sorteos de competiciones como la Champions League y la Eurocopa.
La oportunidad para que Infantino se convirtiera en presidente de la FIFA llegó tras el escándalo de corrupción de 2015, que resultó en la detención de varios funcionarios en Zúrich. Aunque Joseph Blatter fue reelegido en ese momento, su renuncia posterior abrió la puerta a un congreso extraordinario donde Infantino, enfrentándose a varios candidatos, logró triunfar con su promesa de regenerar la imagen de la FIFA.
Desde su llegada al poder, Infantino ha supervisado un crecimiento sin precedentes en los ingresos de la FIFA, proyectando que las ganancias podrían duplicar los 5.800 millones de dólares obtenidos en 2022, impulsadas por la próxima Copa Mundial de 2026, que contará con 48 equipos y 104 partidos, y un innovador sistema de venta de entradas.
Sin embargo, su liderazgo no ha estado exento de controversias. Recientemente, la suspensión de una tarjeta roja a un jugador estadounidense tras una intervención del presidente Donald Trump ha generado críticas, aunque Infantino ha insistido en que no intervino en la decisión. También ha enfrentado cuestionamientos por su manejo de disputas sobre visados y otras decisiones controversiales desde su asunción.
La presión para que Infantino dimita se intensificó tras sus planes para privatizar parcialmente la Copa del Mundo, lo que generó una fuerte reacción de la UEFA, que incluso amenazó con boicotear los eventos de la FIFA. A pesar de esto, su reunión en Rabat concluyó con una disculpa y el reafirmar el apoyo a su liderazgo, donde se comprometió a proteger la integridad de la FIFA y a no tolerar ataques a su reputación.


