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Cultura

Reflexiones sobre el amor a Bolivia

por Milton Terrazas

13 de agosto de 2026


La reciente campaña del Gobierno, titulada "Te amo Bolivia", se propone potenciar el orgullo y la valoración del país entre sus ciudadanos. Si bien es una iniciativa positiva, hay un aspecto que no se está considerando: muchos bolivianos ya sienten un profundo amor por su patria, impulsados por la riqueza de sus tradiciones culturales y su gastronomía.

Existen aún quienes piensan que las danzas y festividades bolivianas promueven el consumo de alcohol sin contribuir a la economía nacional. Esta percepción ignora el considerable impacto económico que generan esos eventos, así como su rol en el fortalecimiento del mercado interno.

El problema se complica por la apropiación de nuestras manifestaciones culturales por parte de comunidades peruanas en la frontera, que han observado el éxito económico del Carnaval de Oruro y la Fiesta del Gran Poder. Estos eventos han servido como modelos a seguir, permitiendo que estas localidades generen ingresos replicando elementos de la cultura boliviana.

Esto pone de manifiesto la intersección entre cultura y economía, donde el turismo no se limita a la exhibición de paisajes, sino que abarca historia, identidad, gastronomía, música, danza, tradiciones y patrimonio. Todos estos elementos pueden ser fuentes de empleo y divisas.

La Constitución Política del Estado respalda esta visión, ya que su artículo 337 señala al turismo como una actividad económica estratégica y el artículo 298 otorga al nivel central la responsabilidad de formular políticas en este ámbito. Sin embargo, resulta contradictorio que, mientras se promueve el amor por Bolivia, el Gobierno haya decidido eliminar el Ministerio de Turismo, optando por una agencia que no podrá equipararse a una cartera de Estado.

Si bien la eficiencia y la austeridad estatal son necesarias, reducir la burocracia no debe traducirse en menospreciar la importancia de instituciones que gestionan actividades consideradas estratégicas por la Constitución. Una campaña publicitaria no es suficiente para abordar los problemas que enfrenta el sector turístico.

Para atraer y retener a los visitantes extranjeros, se requieren infraestructuras adecuadas, como caminos, aeropuertos, seguridad, servicios de hotelería, sanitarios, información y una gestión eficiente de los destinos. Especialmente, necesitamos una política nacional que articule estos esfuerzos.

Si otros países logran transformar nuestras danzas y tradiciones en productos turísticos, no podemos limitarnos a expresar indignación en redes sociales. Es vital investigar, documentar, registrar y defender nuestro patrimonio cultural. Amar Bolivia implica también proteger nuestra historia y asegurar que otros no se apropien de lo que nos pertenece.

La consigna "Te amo Bolivia" es valiosa, pero reconocerla no basta. Es esencial conocer, proteger e invertir en nuestro país, y aprender a comercializar su diversidad cultural sin sacrificar su identidad. Más allá de la existencia de un ministerio, lo que Bolivia necesita es una política de Estado que confirme el turismo como una actividad económica clave, tal como lo establece nuestra Constitución. Defendamos Bolivia con conocimiento y determinación.


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